Mi primera novela publicada se convirtió en la peor experiencia de mi vida

Nunca he hablado sobre esto en público. Mucha gente cercana ni siquiera lo sabe. Pero creo que, bastantes años después de la publicación de mi primera novela, ha llegado el momento de hablar sobre la terrible experiencia que tuve con el mundo editorial.

Voy a contar esto porque creo que es necesario. Porque mi experiencia puede ayudar a otros escritores que empiezan a moverse en este mundo y porque necesito encontrar paz conmigo mismo.

Antes de nada, quiero dejar claro que mi intención no es cargar contra la editorial después de tantos años. Somos humanos y cometemos errores. Imagino que tuvieron sus razones y motivos para lo que sucedió. El tiempo ha ido cerrando las heridas, pero durante muchos años tuve que lidiar con depresión, ansiedad, autodesvalorización, inseguridad, cierta rabia y mucha falta de confianza en mí mismo y en mi escritura.

Os pongo en contexto…

Era el año 2013, yo tenía 18 años y acababa de resultar finalista del Premio Literario Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes. Por aquel entonces, estaba en el foro de la Generación Jordilauriana (ahora en eterno letargo), donde un grupo de jóvenes escritores soñábamos con dedicarnos al mundo de la literatura. A través del foro descubrí el premio “La Caixa/Plataforma”, un certamen de novela juvenil dirigido a escritores menores de 25 años y que acababa de convocar su segunda edición. Yo ya había escrito una novela que había resultado finalista en un premio internacional, así que tenía que escribir una segunda novela y presentarla a este premio que parecía perfecto para mí. Empleé todo el verano de 2013 en escribir la historia y compartí con los miembros de la Generación Jordilauriana los nervios, las inquietudes del proceso de escritura de la novela y la espera del fallo, que llegó en febrero de 2014.

Andrea Tomé, que también estaba en el foro, resultó ganadora con “Corazón de mariposa” y lo celebramos como una victoria colectiva. Mi novela quedó finalista, al igual que las novelas de otros autores que hoy en día tienen una larga carrera a sus espaldas como Clara Cortés, Alba Quintas, Arturo Padilla o Cristina Martín. Para mí fue y es un privilegio que el nombre de mi novela apareciera junto a los suyos.

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Pocos días después del fallo, cuando yo ya empezaba a planear mi tercera novela, me llamaron desde la editorial que convocaba el premio para decirme que, aunque no había ganado el certamen, mi novela les había gustado mucho y estaban dispuestos a publicarla. La editora me contó que querían probar con el formato electrónico y que mi novela iba a ser una de las primeras, si yo estaba de acuerdo. Con el tiempo, cuando las ventas siguiesen su curso, incluso se podría publicar en papel. Por eso tuve que firmar dos contratos de edición con los que cedía los derechos sobre la obra, uno para la versión electrónica y otro para la versión en papel. Os podéis imaginar la ilusión y la emoción de un joven de 19 años que va a publicar su primera novela con una editorial de renombre.

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Yo no tenía ni idea de cómo funcionaba esto de la publicación, así que me dejé guiar en todo momento. Lo primero que hicimos fue cambiar el nombre de la novela de Cuatro columnas de cieno (mi pequeño homenaje a Lorca) a Al otro lado del océano, bastante más comercial y en la línea de la editorial. Al final, después de varios meses de correos con cierta desgana y desinterés por parte de la editora (que me deberían haber prevenido a tiempo) y de haber ido retrasando la fecha de publicación, el libro salió a la luz en octubre de 2014. Pero el libro había nacido muerto.

Quitando un par de tuits de promoción que hubo el primer día con la portada y poco más, por parte de la editorial nunca hubo ningún otro tipo de publicidad en redes sociales o difusión de ningún tipo; ni siquiera en la página web. Yo, desde luego, nunca llegué a apreciar ningún interés desde la editorial para que el libro se moviera. Cualquier otra novela de las que han publicado aparece reseñada en un sinfín de blogs literarios y entradas en la red. Incluso tuve que hacer yo una imagen cutre de promoción para la novela.

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Solo hay que hacer una búsqueda en Google para darse cuenta de que, aunque ya han pasado 6 años de la publicación, aún no hay ni una sola reseña en internet que hable sobre mi libro. Bueno, hay UNA reseña. Solo una. Una despiadada y dañina que me hundió en un pozo del que me costó muchos años salir. Y no os imagináis hasta qué punto fue doloroso leer la crítica del blog de Las Malas Hierbas. Clara Cortés hizo hace unos años un hilo en Twitter hablando sobre las críticas negativas con el que no me pude sentir más identificado:

Detrás de cada historia, de cada libro, siempre hay una persona. Yo tenía 18 años cuando escribí esta novela. Por supuesto que es mejorable en un millón de aspectos, pero no merecía todo lo que tuve que leer. No fue justo. Yo acababa de mudarme a Madrid para seguir estudiando Periodismo; era la primera vez que vivía solo, lejos de mi familia, pero tenía ganas de comerme el mundo. Sin embargo, esta novela y esta crítica en concreto me cortaron las alas antes siquiera de que aprendiera a volar.

Al otro lado del océano cuenta la historia real de un joven senegalés que viaja a España en una patera por una serie de circunstancias. Tiene un mensaje muy potente y en primera persona sobre la inmigración irregular, que la tenemos todos los días en los informativos y de la cual se tiene una visión, a veces, parcial y sesgada. La voz de Moussa es real. Sin embargo, tuve que leer cosas como esta:

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Os dejo la reseña entera. Pero os aviso: es tremendamente dura. Y si sois un poco empáticos, puede herir sensibilidades. Podéis leerla haciendo clic aquí.

Lo peor de haber recibido solo esta reseña fue que me sentí culpable. Yo tenía la culpa de que la novela hubiera fracasado, porque había escrito una auténtica basura que no le interesaba a nadie. Era un farsante. Nunca me deberían haber publicado porque no me lo merecía.

Día y noche tenía ese pensamiento en la cabeza. Me iba haciendo pequeño a medida que esa idea iba creciendo dentro de mí: no valía para nada. Me dejé la carrera ese mismo año porque no tenía fuerzas para continuar. Me fui a vivir a Francia y dejé de escribir durante bastante tiempo. Me refugié en la poesía, y poco a poco empecé a ganar premios y certámenes. Pero me seguía dando miedo sentarme delante del ordenador y ver la pantalla en blanco. Síndrome del impostor: ¿qué hacía intentándolo siquiera?

Puedo aceptar y asumo que la novela no fuera digna de convertirse en un best-seller, pero también soy consciente (o lo he sido con el paso del tiempo) de que no es un mal libro, que la historia tenía potencial y que la culpa de que fracasara no fue mía. Por eso no he dejado de preguntarme qué fue lo que llevó a la editorial a decidir publicar mi novela y luego dejarla olvidada de esta forma, sin haberle dado siquiera una oportunidad.

Incluso tuve que hacerme una autopublicación en papel, maquetada y editada por mí mismo (con el permiso de la editorial, pues tenían ellos los derechos), para la biblioteca de mi instituto en Torreagüera, donde pusieron la novela como lectura recomendada.

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Hace dos años intenté retomar el tema con la editorial para buscar una solución, pero después de más correos que tardaban meses en ser respondidos, de promesas que nunca se llegaron a cumplir y de crearme falsas ilusiones de nuevo, un día me escribieron directamente desde el departamento de derechos y exportación. Me pedían 100€ para cancelar los contratos que habíamos firmado. Nunca me he sentido más utilizado, ninguneado y cabreado que cuando leí aquello. Después de un mensaje bastante airado de mi parte, me devolvieron todos los derechos sobre mi obra y acabó toda relación con la editorial.

Al otro lado del océano se ha convertido en un cadáver literario. Es una obra ya publicada, con la que no puedo hacer absolutamente nada y que, además, ha ido poco a poco consumiendo la ilusión de un joven que algún día soñó con ser escritor. Supongo que podréis imaginar lo duro que fue y es seguir avanzando en este mundo con ese cadáver arrastrando detrás. Creía que ninguna editorial se iba a arriesgar jamás con un autor cuya única carta de presentación era una obra que nunca llegó a despegar. Por suerte, el año pasado aparecieron las chicas de Ediciones Dorna en mi vida y me devolvieron la ilusión por la escritura y la confianza en el mundo editorial.

Con todo esto, lo único que pretendo es haceros comprender que publicar un primer libro, en las condiciones que sea, no es una meta, sino parte del camino. Eso es lo que yo he aprendido de todo esto. Que por muy largo que sea el túnel, al final siempre hay luz.

Es difícil, pero no os dejéis influenciar por terceros. Creed en lo que hacéis. Daros la oportunidad de fallar y seguir mejorando. Pero, sobre todo, rodearos de personas que os aporten. Apoyaos en quien cree en vosotros, porque son esas personas quienes os harán llegar a lo más alto.

El mundo de la edición a veces puede ser muy duro y cruel. Creemos que una vez que encontramos una editorial dispuesta a publicarnos ya está todo hecho. Pero no es así. Esto va de caer y levantarse. Suena a tópico, pero es así.

Espero que todo esto que he contado le pueda servir a alguien; aunque sea para sentirse más fuerte. Recordad que no estáis solos. Yo, desde luego, me he quitado un peso de encima.

2 comentarios sobre “Mi primera novela publicada se convirtió en la peor experiencia de mi vida

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    1. ¡Hola! Gracias por tus palabras de ánimo. La novela lleva años olvidada, pero con todo el apoyo que he recibido, me he planteado seriamente reeditarla y publicar una nueva versión. Así que sí, en un futuro me encantaría que estuviera disponible para leer. Hace poco publiqué mi segunda novela, “El fantasma de tu nombre”, y la experiencia no ha podido ser mejor esta vez. Así que tengo muchas ganas de seguir adelante en este camino, y si es dando una segunda viva a esta historia, mucho mejor. ¡Un abrazo!

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