Poesía

La poesía es posiblemente la piedra angular de todo lo que escribo, mi grieta, eso que me permite ir más allá de las ataduras formales de la novela y el cuento, experimentarme a mí mismo y acceder al mundo más íntimo de las imágenes. Tal vez cuando escribo poesía es cuando más cerca me siento de mis raíces, de mi principio. Si escribir prosa es como viajar, la poesía es como una tormenta que te coge por sorpresa y te empapa hasta los huesos.

Es cierto que es un tiempo difícil para la poesía y para la literatura en general, pero creo que hay una corriente joven que ha sabido canalizar la incertidumbre, la indignación y el miedo de toda una generación y convertirlos en un torrente de esperanza. Dentro de esta corriente quiero creer que se incluye mi poesía, que ojalá no tarde en ver publicada para poder llegar a todo el que esté dispuesto a conocerme desde dentro.

Mi poema Las mañanas arrugadas ya no cantan aparece recogido en la antología poética Aquel invierno que gritamos, publicada en diciembre de 2019.

Aquel-invierno-que-gritamos-antologa-portada

Reconocimientos:

2017 Certamen de Creación Artística Joven CREARTE. Modalidad: Poesía.

2015 XLI Certamen Literario María Agustina. Modalidad: Poesía.

2014 XXIII Certamen de Poesía Juvenil Miguel Hernández.

 

Esta es una breve selección de poemas inéditos que ya cumplen casi diez años:


 

ENSUCIÉMONOS

Te pintaría un pájaro azul en la espalda
si me propones
que nos ensuciemos juntos.

Te mezclaría con colores fríos:
verde, cian y morado
para que no me quemes
cuando tus labios sean como el aura
por la orilla.

Te escribiría palabras en las curvas
y me saldría para ver qué dices
porque todo lo que dices
suena en mi mente a poesía.

Te dibujaría una vía por las piernas
que cruce todo el continente
y finalice en tus cumbres,
ida y vuelta,
si me propones
que nos ensuciemos juntos
y nos usemos de lienzo.

PERCEPCIÓN DE UN SEGUNDO NOCTURNO

Es la lluvia sobre un mar de afiladas hojas
en los cipreses de la ventana abierta.
A mi lado, te siento dormir sin verte,
y mi mano busca a cada hora tu sueño.

Imagen de un instante,
recortado en la claridad de la noche,
reflejado en el cristal,
de tu cuerpo rompiendo
la implícita forma de la distancia
sobre mi cama dormido.

De repente la súbita inmersión de los dos,
casi dulcemente orientada a mis ojos,
te vuelve hacia mí sonriendo.
Abres los labios y me lo dices: te amo.
Me coges de la mano y haces tan tuya
la expresión de la nada ajena a nosotros.

Yo me despierto y pienso
en cómo ha pasado el tiempo
y en ese altísimo tramo
que nos separa.
Cierro los ojos,
apago los fuegos
con la lluvia sobre el mar de afiladas hojas
de los cipreses en la ventana abierta
y te recuerdo así.

SILENCIO

Tu forma desnuda
es como un silencio.

Tienes forma de mar altísimo
y de horizonte inalcanzable,
una silueta de soledades remotas
y amplias intimidades por la espalda
cuando te cubro.

Tu forma desnuda
es como una madrugada
y no me hagas seguir.
Porque la forma de tus labios
y la forma de tus ojos,
que son como dos océanos redondos
que se aplican en tu rostro
eclipsado de agua.
Y si continuara más abajo
hacia tu piel caliente
vestida de besos…

¡Qué ganas tengo de repente
de clavarte las uñas
en tu forma de silencio!

TU NOMBRE

Escribiría mil versos solo con tu nombre
y sé que nunca crearía nada mejor.
Digo tu nombre en voz alta
y siempre lo acompaña que te quiero.
Luego lo repito solo con los labios
y es tan parecido a un beso tuyo…
Boca abierta, boca cerrada
y dos suaves golpes en el paladar.
Me llena tanto de ti
que me estremece cuando lo grito
desde una altura.
Entonces lo pienso
y es todo lo que necesito.
Tu nombre te precede;
te acerca a mí cuando lo digo
aunque no te tenga.
Lo repito: boca abierta, boca cerrada
y dos suaves golpes en el paladar.

RÉQUIEM DE DOS MUCHACHAS

Por los campos verdes pasea de seda la muerte.
Por los campos van dos muchachas cogidas de la mano
y la muerte enciende lámparas de cristal y colas de agua
alrededor.

Las muchachas gemían
con una cuchara de plata
y de escarcha.
Y ahora lo hacen con los besos
de la garganta dormida
y el hierro de la fuente.
Las muchachas se amaban
con el sonido etéreo
de la madrugada, los zarzales
y el murmullo del arenal.
Pero ahora se aman en
la negrura eterna del pozo,
iluminadas por las luces
que desde arriba les gritan.
¡Ay, dios mío! Las muchachas
que en la piedra fría
se han caído y ahora de musgo
abrazadas son.

Por los campos verdes paseaba de seda la muerte.
Por los campos iban dos muchachas enamoradas
y de miradas como remiendos cosidas.

 

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